Autora de novela romántica en SweetyStories

Las locuras de Mari Tere #6

Follar como locos, eso es lo que hicieron. No empezaron en seguida, eso tengo que concedérselo; antes pusieron una de las películas que había en el pen, y sus propios gemidos tardaron media hora a unirse a los de los actores.
¡Pero es que no pararon!
¿Cómo puede un tío tener tanta resistencia? Se debe gastar medio sueldo en comprar vitaminas y revitalizantes, porque mantener ese ritmo durante horas, no es normal.
No, señor. No lo es.
¿O quizá, lo que no es normal, son los diez minutos que Gerardo tardaba en eyacular?

Esta es mi cara haciéndolo con mi ex.

Ahora ya no sé qué pensar, porque cuando empezaron a venir el resto del elenco… la cosa fue igual.
Pero vayamos por partes, que a eso todavía no hemos llegado.
Nacho y la desconocida entrada en años, estuvieron varias horas dale que te pego. Entre round y round se daban un respiro de media horita, pero poco más. Yo los oía desde mi piso, metida en la cama, intentando leer. Para poder cenar tuve que ponerme música y los cascos, porque de oír sus gemidos y sus gritos alocados, me entraban náuseas. Y dormir… ja, ja, ja, ja, ay, que me da la risa tonta. ¿Creéis que se puede dormir así?

Pues no. Es prácticamente imposible dormir mientras oyes los gemidos...

Empezaron en el salón, aunque no sé si sobre el sofá o sobre la alfombra. Anoté en mi agenda que al día siguiente por la mañana tendría que bajar para cambiar la funda del primero, y comprobar que no habían manchado lo segundo. Después pasaron al jacuzzi, y ahí no los oí tanto porque el baño queda en el lado opuesto a mi dormitorio, por fortuna. Pero después llegaron a la cama, justo debajo de mí.
Ilusa de mí, cuando oí sus voces, pensé que iban a echarse un ratito para dormir… pero cuando oí el cabezal golpear contra la pared, se me quitó de la cabeza la ilusión. Pasé la noche angustiada pensando en que harían un boquete y acabarían en el comedor del vecino… ¿Es que no pensaban parar ni para cenar?
Al final me dormí, no sé ni cómo, pero tuve pesadillas: una cama viviente me perseguía por un páramo pantanoso. Tenía una boca llena de dientes puntiagudos que intentaba clavarme, ojos inyectados en sangre que me miraban enloquecidos, y tenía orgasmos continuamente. La cama, no yo, eso que quede claro. Lo que yo tenía era un jiñe del cagarse.

¡Vaya nochecita que pasé!


Y a las seis me tocó el despertador para ir a currar.
¡Bravo!
Antes pasé por el piso para ver cómo lo habían dejado. Estaba bien, ¡menos mal! Faltaban coca colas de la nevera, y botellines de alcohol del bar, y la cama estaba hecha un guiñapo; pero por lo demás, todo bien. Respiré tranquila cuando vi que la pared seguía entera, aunque alguna marca sí habían dejado.
Hay que joderse. Yo con abstinencia prolongada forzosa, y la vieja tuvo una alegría pa'l cuerpo que seguro le duró el resto del año.
Ya lo dice el dicho: los hay que nacen con estrella, y otros, nacen estrellados.


Continuará...


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